VERTIENDO VIDA

Quisiera que el tiempo llorara la noche del último día

y que enjugara su llanto, temiendo,

como teme el hombre a la vida.

 

Quisiera ser nuevo mundo

y al tiempo darle otra forma,

quitándole a mi albedrío:

el segundo,

el minuto...la hora.

Quisiera ser, ¡Su tormento!

 

Pero el tiempo, ¿Qué no haría?

 

Boicoteando la sombra de mi cuerpo, jugaría

como juega con la noche

-tornándola a su capricho día-

¡Ya sé! Dotando a mis brazos con alas

quisiera ser inmortal y si serlo no pudiera,

¡Ola marchita quisiera

en la primavera del mar!

 

¡Con qué parsimonia ejecuta el maldito tiempo la hora!...

 

Quisiera poder devenir,

robando el cetro a la muerte,

para eternamente vivir

siendo:

Sucesión, pasado y presente.

 

¡Quisiera ser tantas cosas!,

pero el tiempo me limita

como a la monja enclaustrada

que, rezando, se hace vieja

en la cárcel de su ermita.

 

...Y es que el tiempo no perdona...

y es mi voz quien desespera,

y odio a la aguja vibrante 

bajo el cristal de la esfera,

y odio al péndulo que oscila

y al reloj vertiendo arena,

y a los centros oficiales,

¡Y a la torre de la iglesia!

Y vivo,

odiándome a mí mismo

porque...tiempo

no me queda.