QUERIDA CIGÜEÑA

Querida cigüeña:

Perdona mi atrevimiento,

hay algo que quiero decirte.

Ante todo, no le enseñes esta carta a la gaviota,

-a esa viajera que ambos conocemos-

 

No le digas nunca que lo nuestro no va en serio,

ni tiñas tu plumaje para darle aún más celos,

eres tan coqueta...

 

Dime,

¿Es verdad, querida amiga,

que cuando surcas los andamios del cielo

ves nacer a la aurora desnuda,

sin la gasa de seda que usa

cuando torna cara al pueblo?

 

Dime, ¿Quién esta pasando por las urbes de tu cielo,

que ayer lloraron los cirios en la iglesia de San Pedro?

¿Por qué, los campos se secan,

y no llueve ni por consuelo?

¿Sabes por qué las rosas, al nacer el nuevo día,

se estiran con alegría y abren sus pétalos rojos

sin mirar tu lindo vuelo?

 

Mira el valle, esta sombrío,

ya no realizas viajes sobre el viejo afluente del río.

Tus alas ya no son cunas sobre los campos de trigo.

todo esta tan desolado...

que, por fe, sigo subiendo a la torre,

al augusto campanario

donde ayer aovaste a tu hijo.

 

 

¿Sabes?, hoy se cumplen quince meses, y allí...

Solo, encogido por la ausencia

-con las manos temblorosas-

acaricio la nostalgia al son de un llanto furtivo

y recojo los helechos que dejaron en tu nido

el hijo de tus anhelos y aquella gaviota blanca,

por la que sabes, me siento perdido.

 

No le digas nada

¡Deja que vuele al olvido!

que tengo roídas las uñas

de tanto arañar los suspiros...

 

¿Recuerdas, mi buena amiga?,

cuando te dije que eras un ave libre,

irrumpiste ésta, mi celda, para exclamar:

Si tú supieras, amigo...

 

Dime, 

¿Tú también tienes problemas?

¿De agua?

¿De amores?

¿De nidos?

 

Vuela a mí, reina de nácar

¡Emigra hacia mi latido!,

unámonos a la esperanza del retorno;

¡Basta ya de tanto vuelo y de tan falso destino

que la uva, aunque madura,

por sí sola no hace el vino!

 

Iza el vuelo, tu, cigüeña, 

dime cómo esta el camino.

Si esta libre, marcha volando

que yo te seguiré andando

hasta llegar al molino,

que allá, donde dejan la paja el molinero y su amigo,

se ha dejado oir que el viento

silba con hermosos trinos

 

No vaya  a ser, querida amiga,

que lo que andamos buscando

goce del verde en los pinos.

 

¡Levanta el vuelo, cigüeña,

saluda a Pedro el vecino

y dile que me prepare

la alforja llena de vino,

que si han de llorar mis ojos

¡Que lloren por el camino!

Que la gaviota que quiero

no crea que soy tan niño...

que me duele hasta la rabia de ser...

 

Anda cigüeña

vuela hasta casa y diles...

Diles que no cuenten conmigo,

que fui yo,

quien puso las alas

a ese par de bellos trinos.