SIN APENAS INICIALES

Sin apenas iniciales que delaten mi nombre,

ni caricias que echarme a la cara,

voy desnudo hacia ese ser, que habiendo sido,

doblegado embiste con cautela mi alma.


 

Ni una sola caricia cuenta mi haber,

ni un sólido beso incrustado en mi cara.

Tan sólo, el adiós de un ayer me dejó,

y sin saber por qué,

como una ilustración,

aún lo llevo grabado en la espalda.


 

Te absuelvo, por conocerme, en la espiral de tu sueño,

cuando apenas ya nada te quedaba

y hacías frente a todo el hemisferio

de mi densa y frágil palabra.

 

Hoy vuelves a mí, respaldado por tu labia,

confirmando, aún más, mis temores:

De esta guerra, nadie te salva.