SI TUVIERA QUE NACER

Si tuviera que nacer desnudo, con el llanto acoplado a la pupila

y el lagrimal escueto,

como cauce o vértebra de río

-canal de estúpidos llantos- que encierran mar adentro:

Desilusiones.

Nostálgias.

Sentimientos...

 

Si tuviera que nacer, de nuevo,

y afrontar las sensaciones que brotan del corazon humano:

Pasiones.

Anhelos.

Alegrías...

 

Si tuvieran que mecerme los brazos de jóvenes mujeres

-comadronas de sonrisas múltiples-

y hombres, que esconden en su pensamiento

placeres ocultos, 

y muestran al son del mediodía:

nanas a flor de piel

y sonrisas de nicotina,

trozos del Dios, en quien no creen

y plegarias clandestinas...

Yo, ¡Os lo juro!, No volvería a nacer.

 

...Y no volvería a nacer:

Desde el esbozo de María la Virgen

o desde la cúpula divina del Dios en quien creo.

 

Volvería a nacer, eso sí, si acaso

desde el óvalo fecundo de un mortal.

Desde un sencillo hombre de a pie,

que se resigne a verse castigado como hebreo.

 

Volvería a nacer, siendo humano

para ser de nuevo quien soy,

y así ansiar las posiciones del hermano

bien por su dinero: Rey,

bien por su honestidad: Plebeyo.

 

Hurgaría desde el vientre de mi madre

los escritos del Mesias, sin demora,

¡Los auténticos escritos!

Aquellos donde narran el secreto de los vivos hombres.

Aquellos, quienes saben dónde viven los hombres muertos.

 

Y al pasar esa frontera donde la sangre calienta el cuerpo,

cruzaría el ancho río

-rojo mar de los cristianos-

para ser:

Ya no profeta.

Ni patriarca.

Ni aprendiz de carpintero.

¡No!

 

Para ser discípulo de Dios.

¡Del dios del olvido!

No del vuestro.

 

Si yo volviera a nacer -y pocas esperanzas tengo-

Volvería a pisar la tierra -escaparate de un mundo ateo-

con zapatos de charol, y no gastaría sandalias, no.

Ni el sudor cubriría mi tez.

Mas...¡Ay, de aquel que rozara mi túnica

o escuchara mis plegarias!

No miraría su cara por mucho que le iluminara el sol.

 

Dirigiría mis pasos a la sombra de una cruz.

No en vano, hurgué en los escritos.

¡En los auténticos escritos!,

donde dice que hubo un Cristo

-hijo del Dios de los vuestros-

...Muy amado por los hombres

muy querido -ya lo creo-

 

No me pidais nunca ayuda, si yo volviera a nacer,

porque así os serviría, desde su aposento,

¡El hijo bastardo del dios del olvido!