HOY ME ASUSTA QUE ME ECHES AL OLVIDO

Hoy me asusta que me eches al olvido

-por ello escribo-

Y sin ganas de escribirte

-lo confieso-

y aunque siento nauseas de la vida,

solo vivo el legado literario de los muertos.

 

Con franqueza:

Envidiándoles, he perdido la fe por el camino,

¡Hasta el candil que ostentaba se ha apagado!,

¡Ya ves!, la salud de mi verso no mejora

y la impaciencia de saber qué me ha pasado

me ha fraguado este eterno devenir,

y aquí me hallo, con la pluma reciclando mi pasado.

 

Ya no pienso.

Sólo dudo, si al querer saciar

mis ansias de infinito

he caído de bruces contra el cielo.