DORMIDA AL AMOR

Imagínate

la agresividad de un volcán

rompiendo las cuñas que sujetan

toda una vida de adoquines simulados.

 

Imagínate

que ante todo lograra ser suelo.

No...polvo,

ni arena,

ni grava,

ni arcilla siquiera.

Ni asfalto,

ni mármol.

No.

Tan sólo...suelo,

por donde pisa, corre, camina y pasa el amor.

 

Imagínatelo:

Sabiéndose diferente,

penetrando tu propio entorno,

como lava incandescente, ¡Rompiéndote el corazón!

Tal vez no te imagines que,

sediento de amor nocturno,

de engaños -quizá despierto-

con esa fuerza de hombre,

en ese, tu aliento fresco,

sea la arista del labio quien bese,

templando el silencio.

 

¡Oh!, duda que tanto me embargas,

descubre mi sexto sentido,

no me dejes, no. No te vayas.

Ya que tanto he prometido,

quisiera elegir el modo

de aceptar cómodamente

la opinión que he merecido.

 

Dime, ¿Dónde?,

cuando expulse al aire mi aliento

y en mi pecho el suspiro no cese,

y en mis brazos sienta el vacio,

y las manos vacías se queden...

¿Dónde guardaré el incienso de tu mirada rebelde?

 

Y, cuando el aire,

calmando mi ahogo,

oxigene el interior de mi fe...

Dime, mujer:

¿Será tu claustro sombrío, regocijo del ayer?

 

¡Despierta!,

despierta y para la imagen

que no soy yo quien te dice,

quien te quiere...

 

Quien te habla es mi conciencia

que absorbe al lenguaje sus palabras

en la ausencia de pensamientos

donde yace un volcán sin lava.

 

¡Despierta, mujer!,

despierta pisando y calla.

 

Pero...

¿ Aún despierta no me ves,

aún no notas que mis ojos, al mirarte, se iluminan,

que mis labios, al besarte,

tiemblan por ocultarse de miradas clandestinas?

¿Aún no adviertes que mis manos

no son manos cuando rozan

el silencio de tus labios y desean,

se agarrotan, dedo a dedo,

por no poder estrecharte desnuda contra mi pecho?

 

Despierta mujer:

Esta fuerza que me invade.

Ese constante deseo.

Esta lujuria que agota.

Ese sueño.

Este anhelo.

Esa llama que arde a oscuras.

Este camino o destierro.

¡Despierta, mujer!

Te quiero.