DISCURRÍA MI VIDA MONÓTONA Y SENCILLA

 

 

 

Discurría mi vida monótona y sencilla

sin grandes preocupaciones.

Sólo el amor parecía inquieto.

 

Dormía la luna colgada del cielo

y sobre la almohada, mi sien recogida,

se abrazaba al retrato de su lindo gesto.

 

Pertenecíamos entonces al murmurio del viento

y, cuando dormidos quedábamos,

él parecía fingir estar muerto.

 

El arroyo del bosque mudaba su curso

para no molestar al amor que, inquieto,

parecía ver fantasmas en su movimiento.

 

No dudé besarla cuando, ya despierto,

vi su iris brillar junto al sol de Enero.

Ella callaba y yo, una vez más,

oré una oración, rompiendo el silencio.

 

La tarde ofrecía sus horas al tiempo,

a ese ladrón que robara la carne de su esqueleto.

Desde aquel día, la luz fue un misterio

de incoloras sombras para el pensamiento.

 

La luna, aquejada, desde el firmamento

tiñó su palidez con un nubarrón negro

y llovió, llovieron estrellas sobre el cementerio.

 

Hoy ya no guarda el arroyo silencio

y en el bosque suena un trinar de conciertos

cada vez que pasa el furtivo viento.