ASOMA LOS OJOS LA MAÑANA HERIDA

Asoma los ojos la mañana herida

por el rayo homicida del astro errante

y advierte en nuestra historia

a un tal Violante

de bonancible gesto y pupila hundida.

 

De su costado

el horizonte deja que asome

sin preocuparse apenas de la hora nada

y, como mendigo-caminante

en derredor gira,

gira y se desploma.

 

No hay talante

que sopese su cordura,

ni arca

que confiese al aire su tesoro;

ni amor

que le conmine a ser

de otro modo.