YA NO ESCUCHO LA CADENCIA MUSICAL

 

 

 

Ya no escucho la cadencia musical

de quien , gobierna en solitario, este acontecer

y sufro… pero,

no por no tener lo que mis ojos ansían

sino por no tomar lo que mis manos alcanzan.

 

Sé, que a sus ojos soy voluble

como el humo que exhala el cráter de un volcán,

-Sin apenas oxígeno que alimente su alma-

y me sé también, muy sola

casi fatigada sobre el lecho de mi alcoba;

esperando la llamada inalámbrica de su voz,

templar mi calma.

 

A él me unen los colores

como el negro-aforme noche,

cuando a lomos de su espíritu, cabalga.

 

A él, el agrio-amarillo limón,

si me habla de ese inoperante Dios

al que tanto ama.

 

A él, el rosa-rojo aguijón,

¡Menos el verde!, a él, todo el iris.

 

Oh, arco triunfador,

vomítale el verde-Lorca verde en las entrañas

que le quiero

como Cristo al hombre quiso;

y me veo

como sólo el hombre a Cristo vió.

 

Sola. Sí.

Solo que, al tercer día…