ESA VORÁGINE DE IDEAS

 

 

Esa vorágine de ideas

agregadas al tiempo

en la memoria.

 

Esta agonía de ser

sabiéndose sabido

a todas horas.

 

Esta comunión de razas

sin razón,

bajo esa divina

palabra monosilábica:

¡Dios!

 

Este devenir que profeso

de algebraica comprensión

en época de espera,

para abonar la tierra,

labor del labrador es

bajo esa divina

palabra monosilábica:

¡ Dios!

 

Sé del árbol,

del fruto que espera, como yo,

la mano recia

segura de sí

 

Sí.

La vida.

La muerte,

eterna misionera,

atrae nuestro instinto

llega sabia.

Llega.

 

Savia derretida lega el árbol.

Árbol de la ciencia.

Alquimia.

Quimera.

 

Busca la palabra

“Algo” amable.

Cesan consonantes y vocales.

Y “Algo” frunce el ceño.

“Algo” intuye que somos animales.

 

… Y sobre ello,

esa divina

palabra monosilábica:

¡Dios!

preguntándose

quién es nadie.

 

Amo la destreza

de este cuerpo gigantesco

por gaseoso: ¡Aire!

Sin conceptos,

sin rostro.

 

Amo su albedrío constante,

e inconsciente al mismo tiempo

de esa divina palabra

monosilábica

temida por nosotros.

¡Dios!

 

Es cuando se hace

la frontera franqueable

y pasa el aire, a su paso,

de humanas invenciones

dejando al hombre

un hálito de oxígeno

si acaso... en sus razones.