COMO SI FUERA LA NOCHE HEMBRA DEL DÍA

 

 

 

Como si fuera la noche hembra del día,

el hangar, lo que llamamos cielo

y el cobertizo: La tierra mía,

dispongo los pasos frente a la pupila

sin sol que la dañe,

sin más luna amarilla.

 

(Entre soliloquios, me pregunto si Satán tiene apellidos)

 

Y así peregrina –entre libros-

mi curiosidad inquieta,

abrazándose al archivo,

donde las notas biográficas

se cargan de polvo

y encierran la historia

de cómo fue que el cosmos

nos abrió sus puertas.

 

Entre otras cosas…

 

Dicen estos documentos con fecha ilegible

que fue Jesús, el sueño de un ave.

-Legado de María-

La clave de lo incierto

y el eslabón de un secreto

al hombre, de por vida.

 

Que Satán

-Sueño del mismo ave-

propuso a Jesús ser hombre

-Como por un juego, que a los dos divertiría-

 

Satán gustaba de letras

-De sobra es sabido que no fue sólo poeta-

En su haber, se le reconocen obras como:

“Las ansias del poder, después de muerto”.

 

Dicen,

que ascendieron a la tierra

sabiendo –como profetas-

que ambos no morirían.

 

Que fue Satán

quien predijo a Jesús la muerte,

después de una larga agonía …

y Jesús,

a Satán miraba.

Como respuesta, Jesús sonreía.

 

 

(De la estancia un golpe seco, un frenético alarido

ha llamado mi atención y he cerrado –cual ladrón-

con el más estricto silencio el polvoriento archivo)

 

 

Siento tal esta impresión

que intuyo

latirme el cuerpo entero.

 

¡Todo, excepto el corazón!

 

Los sentidos, en busca de la perfección

se hacen al silencio…

 

Así la lengua corrige y dosifica la saliva,

los ojos escudriñan –con suma avidez-

los más recónditos intersticios.

 

El oído, intenta mantenerse entre el incesante latido

que la sien le ofrece y las hipotéticas emisiones

que el cerebro le facilita.

 

… Y toda alarma

perece en el intento de ser descubierta.

 

Giro 180º, no sin antes someter,

inconscientemente, a juicio mi intención.

 

(Continúo leyendo)

 

-Recuerda, Jesús,

sólo has de ser tú, el hijo de Dios…

 

-Yo, si quieres,

seré la voz de sus conciencias

y actuaré a conveniencia de los dos.

 

-Te lo agradezco, Satán, pero…

La humildad que encierran tus palabras

emergen de tu sabiduría,

no de tu corazón.

 

(Aún caminaban cuando el alba franqueó la noche, a sus ojos

la sombra amurallada de Roma nacía bajo una perpendicularidad

escépticamente solar y un tanto oblicua)

 

Satán

-receloso-

descubriría en las palabras de Jesús,

… Las palabras del Mesías.

 

(Un golpe de mar desequilibró mi sosegada calma,

invadiendo la paz espiritual de que era portador.

La ola furtiva, sin esperar a llamar, irrumpió en el vetusto salón

y como exclamando: ¡Victoria!, como vino, se marchó).

 

-Salí de aquel lugar como quien busca respuesta

en algo nunca explicado

e inmerso en la misma pregunta…deduje-

 

Si Dios existe,

también

Satán

habrá

resucitado.