QUEDOSE COMO DIOS, EN ALTAS ESFERAS

 

 

Quedose como Dios, en altas esferas

el fruto del hombre, y acorralado éste

huyó hacia otras madrigueras

buscando para sí, quizá, otro nombre.

 

Quedose enamorada de él la primavera

desde el verde olivo a la trasegada tierra,

y desde el pantano estéril a la quimera,

voló Dios, de nuevo, sobre el conde.

 

El conde hablaba de no sé qué facturas,

de no sé qué tierras no labradas.

El jornalero asentía, hastiado, mientras lloraba.

 

Alzaba el primero, al cielo, los brazos,

en tanto, el segundo, mirando al cielo, los bajaba

...y Dios, desde la esfera, donde todo es gracia,

a los dos, a su manera, consolaba.

 

Quedose la uva hábilmente separada

de su madre vid, de su padre viña

y dirigida fue al claustro de las pisadas.

Lloraba la uva.¡El racimo entero lloraba!

 

Las manos jornaleras se abrían al alba.

 

¡Al fin!, sonreía el conde, repletas hasta el borde

las barrigudas y exhuberantas tinajas...

Y, llorando Dios, veía la labor que allí ejercía

el jornalero, empapado en sudor y lágrimas.