¿ AMAR?

 

 

Sí.

Hasta llenarse de ira

por dejar de ser a sí mismo.

 

Hasta odiar la voz

venga de donde venga...

Y hasta la noche.

 

Después,

rezar,

fervientemente, para disgregarse

y volver a ser:

polvo y náufrago de viento.