P   O   E   S   Í   A

 

   y

 

     volverá

 

                   el  

 

                      Hombre

                                                                                                   

 

                           juan camacho

“Y volverá el hombre” aparece ante nosotros como un piélago existencial: mareas de vida que contienen muchas aguas y muchas experiencias vitales, reducibles en último término a una sola vida, una sola agua, un solo mar: lo humano que puede predicarse de cada mujer u hombre individual y concreto. Porque si la voz que pronuncia el poemario es la del autor Juan Camacho, también podrás oír tu voz, querido lector/lectora, como yo oigo la mía. Una poética humanista -anunciada desde el mismo título- hace posible identificarse con mensajes que nos reflejan más allá de nuestras divergencias y diversidades.

 

                                          Miguel A. Manjón

juan camacho

Juan Camacho, escritor, poeta y articulista de prensa reside actualmente en Basauri (Vizcaya). Este es el segundo libro de poesía que publica.

PRÓLOGO

 

 


EL HOMBRE DE LAS MUCHAS VOCES


“Y volverá el hombre” aparece ante nosotros como un piélago existencial: mareas de vida que contienen muchas aguas y muchas experiencias vitales, reducibles en último término a una sola vida, una sola agua, un solo mar: lo humano que puede predicarse de cada mujer u hombre individual y concreto. Porque si la voz que pronuncia el poemario es la del autor Juan Camacho, también podrás oír tu voz, querido lector/lectora, como yo oigo la mía. Una poética humanista -anunciada desde el mismo título- hace posible identificarse con mensajes que nos reflejan más allá de nuestras divergencias y diversidades.

Si el poeta es aquí el mensajero que va repartiendo sus muchas voces, su carta de navegación es la autenticidad. No pretende la originalidad que busca lo inédito sino la veracidad sobre la materia común del vivir. No es una cuestión menor del arte y la cultura: porque si la originalidad deslumbra, la autenticidad ilumina.

¿Qué puedo decir yo del Juan Camacho autor? Diré lo que basta: que hemos compartido inquietudes y presencias, obras y cocciones de barro en los campos del periodismo, el teatro y la poesía. Y en el diálogo de la amistad -gracia divina, aún más que las musas- hemos podido abrazar las más bellas y frágiles vasijas de las letras.

El autor de “El Dios del olvido”, que con esa obra evocó el nombre de los nombres, ahora regresa con “Y volverá el hombre”. En uno de los poemas lo llama Juan Gaviota libertad, que no es un nombre propio sino el nombre común de lo humano en sus hallazgos y búsquedas.

 

 

Desde un punto de vista analítico paso a exponer lo que he observado sobre las temáticas que preocupan, trata y expresa el autor desde su personal perspectiva; apoyándome en su palabra poética. 


LO HUMANO, UNA VISIÓN EXISTENCIAL  


¿Qué es el hombre? ¿Quién es? Preguntas universales que toda persona se hace. El autor parte de lo existencial -la dura experiencia del vivir- para responderse. Utiliza imágenes reconocibles: la soledad, lo inhumano, el vitalismo y sus facetas. Y evoca varios arquetipos humanos para invocar lo más propio de la persona, que es la libertad, una libertad imposible e irrenunciable.

 

1. La  soledad radical del hombre.
Porque sólo soy, de soledades vivo.
Amanecer en tierra de todos siendo nadie.
Vivir siendo nadie para las preguntas.
Si canto, cuentan mi pena. Si río, algo me pasa. Si sueño, mi sueño condenan.

 

2. Lo antihumano, el egoísmo del ser llamado racional
El hombre, apenas un animal, arroja lo malo pensando en su bienestar.

 

3. Lo humano en cinco arquetipos, mendigo, caminante, vagabundo, libre, encadenado
El horizonte, como mendigo-caminante, en derredor gira y se desploma.
Vagabundo voy ensimismado sin saber a dónde mi cuerpo se desplaza.
Yo, como el humo, también he viciado los salones, y los he cargado de esperanza, de amor y de asco.
Quiero ser libre; por ello camino a la tierra del hombre, cada día una gota de mi sangre es confiscada. Parto de regreso a mi interior y las cadenas -por siempre- en la tierra abrazadas al hombre.

 

4. El vitalismo, dos muestras:
Aspiro a beberme de un golpe la vida.
He mirado de cerca a la muerte y me ha sorprendido su femineidad.

 

LA PALABRA, PAN Y HAMBRE DEL POETA


El lenguaje es patrimonio humano común, exclusivo de nuestra especie. Instrumento de comunicación y hermanamiento, también de falseamiento y dominación; según quien lo use y utilice. Para  el autor de “Y volverá el hombre” la palabra es alimento vital que  colma y mantiene hambriento el ánimo. Concibe la lengua como una vivencia de libertad, no exenta de la problemática que la  libertad suscita. El poeta personifica las palabras, que pueden suicidarse, estrenarse, marcharse sin regreso; y, en un acto voluntarista generacional, quiere hermanar las dos Españas. 

 

5. La palabra problemática
Nadie triunfó en el difícil arte de esta quema de palabras.
El poeta se encoge en sí mismo y se despide ante el suicidio de sus propias palabras.

 

6. La palabra recorrida, acento de libertad
Soy el único que acentúa las íes elegidas en este dictado donde apenas se protege a la palabra.
Recorriendo el lenguaje del hombre dejo de importarme a mi manera.

 

7. Palabra generacional de esta nuestra España
Mi generación fue engendrada por los niños y niñas de la postguerra... Cuántas veces el poeta quiso hermanar las Españas... Las dos Españas preguntan si aún prefieren a sus hombres vivir bajo la tormenta... Mi generación quiere libertad sin llanto, noches de luna llena, rojos amaneceres y ¡vivos! a sus poetas.

 

8. Adiós y estreno de la palabra
Estrenó mi lengua un idioma acorde, capaz de conseguir la comunicación leal.
En este suceder el tiempo no convoca más palabras; me basta ver para saber del espíritu.
Adiós, esa palabra sin regreso.


EL AMOR, EN CLAROSCURO


¿Quién que vive no sabe del amor, de sus luces y sombras?, parece decirnos el autor. Por amor se llega a la cúspide y se cae en infaustos dolores. En él se expresan las contradicciones y paradojas humanas.  El poeta usa las imágenes de los ojos que ansían y las manos que no toman lo que alcanzan. Para él el amor es gratuito; y su alegoría, el silencio roto por un susurro. 

 

9. El amor, escala por la que se asciende y se desciende.
Nuestros barros encendidos escalaban hacia la cúspide. Más tarde el delirio de un silencio fúnebre nos fue limitando besos, manos y cuerpos.

 

10. El amor no tiene precio, es gratuito.
Hablemos de dar, no de prestar.
La forma del verbo amar: besos, abrazos, poemas y deseos.
Dame el abrazo final, mujer.

 

11. Los tonos del amor: silencios y susurros.
He querido susurrarte un “te quiero” que se pierde en pensamientos.
No dudé besarla cuando, ya despierto, ella callaba y yo una vez más oré una oración rompiendo el silencio.

 

12. Las caídas del amor. 
He mezclado las vocales de tu nombre junto a otras consonantes y han llorado al saberse sin destino.
Si tienes miedo, ¡mujer! ¿Por qué no gritas?

 

13. Amor contradictorio y paradójico.
Y sufro, no por no tener lo que mis ojos ansían, sino por no tomar lo que mis manos alcanzan.

 

DIOS, DONDE ANIDA EL VERBO


El tema de Dios estará presente -como afirmación, negación o duda- mientras aliente un ser humano. Juan Camacho -vitalista post mortem- se acerca a la cuestión divina desde múltiples facetas. Y lo hace sin detenerse, como un rayo que pasa. Presenta a nuestra vista el dramático retablo de la duda. Y a Dios padre, seno creador que sin embargo nos escucha. Describe las cualidades diabólicas, que siempre nos acecharán y cautivarán, sabias, dañinas. De Jesús de Nazaret nos regala una poética -para mí muy querida- plena de sentido. Y traza un camino de oraciones laicas, dichas por el hombre natural -sin lenguaje religioso específico, menos eclesiástico-, y por ello doblemente valiosas en tiempos como éstos en que hay que vivificar y reinventar lo verdadero.

 

14. La sombra de la duda.
Descender hasta el centro de la tierra y escuchar el gemir de su latido.
Cuántas diademas sin luz... ¡Cuánto muerto busca a Dios!
Esperando la esperanza, naufragando en este grito he de quedarme.
Misionero entre charcas y alimañas...
Desandaría el infinito si al fin hallara un solo hombre colgado del crepúsculo.
Sé que huyes, para seguir concertando distancias con ese Dios al que tanto conocemos.
No quiero morir en los brazos de la nada del Dios que promete y no se muestra.

 

15. Padre Dios
Esa vorágine de ideas. Esta comunión de razas bajo esa divina palabra monosilábica: ¡Dios!
Pretendo hacerte llegar oh, padre nuestro, un divagar sobre qué seremos después de muertos.

 

16. Satán, el enigma.
Si Dios existe, también Satán habrá resucitado.
Me pregunto si Satán tiene apellidos.
Satán gustaba de letras -de sobra es sabido no sólo fue poeta-.
Satán, la humildad que encierran tus palabras emergen de tu sabiduría, no de tu corazón.

 

17. Jesús de Nazaret, el Hijo
Fue Jesús el sueño de un ave -regalo de María-, eslabón de un secreto de por vida.
Cruz del cristo en la alborada. Cruz del cristo en la agonía, anchos ríos de mi sangre enamorada.
Y volverá el hombre. Solo. Una vez más. Mientras, miseria y hambre a los pies del mismo Cristo.
Mira la cara del Dios humilde.

 

18. Camino de oración
Cuando suenan al ocaso las campanas de la iglesia sigo andando hacia esa catedral del “creo en Dios padre...”
Anido en cada brote de esperanza la ilusión de ser sensible.
Cuando el tiempo se dé a sí mismo, quizá me eleve desde el suelo hacia la mano amiga para alcanzar el peldaño de la inocencia.
Como si del fuego que mi Dios amansa brotara la palabra, a ella prendida os queda mi esperanza.
Rezar fervientemente para disgregarme y volver a ser.


LA PERVIVENCIA, ESE MITO


El ideal de la pervivencia es un mito que recorre -con formas y contenidos muy diferentes- todas las civilizaciones. Recordemos, por ejemplo, el Egipto faraónico y sus aparejos en las tumbas para el más allá, o la Edad Media cristiana y la vida perdurable del honor que referencian las excelsas coplas de Jorge Manrique.  Juan Camacho  acoge el mito por dos razones, cada una de las cuales se apoya en la otra: quiere pervivir, e intuye que pervivirá. Utiliza dos voces: la interior y la que se dirige a nosotros, sus interlocutores. Emplea frases metafóricas y una panoplia de imágenes en su apoyo: la resurrección, la sombra, el alma, la nada, el entierro, la muerte, la eternidad, el despertar, el ser, los sentidos, el recuerdo, el júbilo, la vida, la esencia, el sueño, la libertad.

 

19. El morir, el alma, el ser... 
Nunca he pretendido resucitar entre los muertos. Pero sentiría una gran satisfacción si esa gracia se me diera entre los vivos.
Tú, sombra, callarás, como yo, al tiempo de ver mi alma cautiva.
Un epitafio: haber sido nada.
¡Que me entierren las palabras! En la porción que me toque de la nada.
¿Será la muerte la presentación brusca del alma? ¿Será la sensación de haber vivido eternamente?
Cuando el sol por fin despierte, quizá halle otra esfera y sea ser, sin más quimeras.

 

20. Diálogo con los de la otra orilla
Alcanzar quiero los sentidos para hablaros de esta otra acera que transito hacia la Hacienda de los Claros.
¡Dejaros el recuerdo de mi alma en vilo!
Lograré resarcirme del contrato con la vida para haceros partícipes de mi júbilo.
De mí, cuando yo muera... Decid que fui sólo vida. !Esencia no perfumada!
Cuando pregunten a dónde he ido... ¡Dejad que indaguen al sueño!
Alguien pronunciará mi nombre: Juan Gaviota libertad, sin apellidos concretos.


    Y sin más acabamos este pórtico de entrada, camino de paso al poemario. Buen andar y buen trayecto.


 


                                                                                                                                                                                                             MIGUEL ANGEL MANJÓN CALVO