DIJÍMONOS  ADIÓS

Dijímonos  adiós

en el preciso instante

de volver los ojos.

 

Desde sus arenas, la mar

nos escrutaba sigilosamente

…y fue bajo ese sol donde la amistad hizo su nido.

 

No fuimos cobardes. 

Tampoco valientes.

 

Del día, aún nos quedaba la noche.

El cielo era un racimo

de estrellas

que, sobre nosotros, pendían,

pero... temblaron nuestras voces

a un tic-tac de corazones

que sonaba a despedida.

 

Después, dijimonos adiós.

¿O tal vez, hasta pronto?

Las olas de la mar

implícitamente respondían.