ASIDO A LAS GARRAS DE LA VIDA

Por ver si al cénit de tu cielo he viajado,

desnudo de pasión, por sentimiento...

a una estrella he prestado mi ilusión,

mi algazara, mi salud y mi aposento.

 

Sabe Dios que el camino he recorrido

con los pies descalzos, que ensangrentadas

las manos llevo heridas

y los ojos, dormitando las pupilas, 

van cediendo el sueño eterno 

a este cuerpo desgastado por los años.

 

Tras la muerte,

¡Qué pereza da ocupar un nuevo día

lejos de este cielo tan mundano!,

y así me hallo, ¡Os lo juro!,

entre asido a las garras de la vida

y mal queriendo el entorno de mi hado.

 

Tanto es el dolor que se agita en la memoria

que en esta urbe, que es frontera de lo humano,

el recuerdo cede y la ignorancia queda, suspendida...

¿Por ser extraño?

No lo sé.

Solo estoy, entre asido a las garras de la vida

con el suero circulando por mis años.

 

Qué dificil describir toda una vida

entre silencios cortos y delirios largos.

¡Qué premura la del Dios que me atenaza!

¡Qué profunda, la herida, en su costado!

 

Ya se clava en la garganta mi saliva.

Los tendones, de repente, se endurecen

y una sombra sigilosa, ennegrecida,

degustando esta la herida

sobre el lecho de mi muerte.