LE DEJARON SOLO Y MUGIENDO

 

 

Le dejaron solo y mugiendo.

Babeando su rabia al sol hiriente

y entrándose, a trompicones,

vació sus ojos en la sala de queda

-Donde pasa y clava la mirada-

en la puerta, que abre

y cierra la vida.

 

Doce campanadas y, acalorada

medio yacía Sevilla, a la espera.

 

Le dejaron solo. Sí. Solo;

y su paso, forzado,

hacia la inevitable meta dirigía

-Anticipo de lidia-

… Y hervía Sevilla.

 

¡Ya lo creo que hervía!

 

Como hirviera Numancia

y la humana-sangre y roja hierve

al clamor de un gentío que ruge,

vertiendo sus multicolores pupilas

en la incipiente corrida de la Maestranza.

 

Son las cuatro de la tarde

en el vientre rojo

que me ofrece la Giralda.

-Las cuatro y media, cuando expongo mi conciencia a Mª Luisa-

y mi afán, Guadalquivir, es luchar

-Arrepentido-

por evitar lo inevitable.

 

Por querer que no se vierta

ni una sola gota

de la sangre de ese toro.

 

-A las seis se anuncia la salida-

 

 

 

Acuden:

La trompeta y el clarín

también…

El redoble de un tambor

… y la fiesta se transforma

¡Ya no es fiesta!

Sí, orgía.

Cascabeles, caballos, disfraces.

Damas con peinetas

¡Minúsculos hombres de alquiler

que juegan con su vida!...

y todos…

Todos pisan la arena.

 

¡El círculo vibra

al compás de las comparsas!,

… y vibra el corazón

-por el ritmo que le es prestado-

de quien se espera

acuda a la cita.

 

¡Se hace el silencio!

¡La hora precisa!

(Las moscas cancelan su vuelo)

¡La puerta se abre!

-Los niños esconden sus risas-

y en el fondo del aro

se muestra el astado, de oro.

 

¡De arena y de oro, que el sol reivindica!

 

¡Sale en estampida!

e incontrolado de impulsos…

Vuelve.

Gira hacia la puerta.

Se detiene.

Olfatea y empuja con ahínco

hiriendo el burladero.

-Defensa del maestro que le observa-

 

Al meridiano de la plaza llega el toro

hacia el mismísimo terreno

que la sombra, al sol le quita;

y nace la llamada…

al otro extremo.

 

(De la mano del hombre)

La muleta,

La conciencia y el cerebro.

 

(Del toro)

El coraje,

la bravura y su mente irracional

 

Los dos,

-Enarenados bajo el cielo-

hombre, toro, animal, torero;

se miran y se ofrecen

¡Cuerpo a cuerpo!

¡Cara a cara!

Y embiste –prudente- con ímpetu el toro;

mientras muge,… estalla

-inquebrantable la voz-

un … ¡OLE! por el toro -que comparte el torero-

y así, de rojo-engaño se ciega los ojos

y pase tras pase, …

así traspasa el engaño: …

¡Hiriendo de muerte el color!

 

 

(Algo intuye el animal cuando, presto

de oídos al son … vuelve el clarín a sonar.)

 

No necesitan los caballos del galope

para alcanzar la región. No.

Que son guiados,

-Aún ciegos y mansos-

por aquél que porta la pica.

-Llamémosle: el picador-

 

… Y es en ese instante;

-Milimétrico en precisión-

cuando el toro se hace de sangre

y el peto se abraza a las astas

 

¡Cuando el desánimo es el instante

que amansa su decisión!

 

… Después,

el toro… mira al torero;

y el torero –espada en mano-

no sé qué le dice a Dios.